La educación para el futuro

Es una obviedad y un lugar común, a fuerza de ser tantas veces repetido, que algo se está haciendo muy mal en la educación. Los informes que revelan el mal lugar en que quedan nuestros estudiantes en distintos estudios comparativos junto a los desalentadores porcentajes de abandono escolar, todo ello está contribuyendo a que sea un hecho generalizado pensar que las cosas tienen que cambiar. Frente a quienes piensan que lo que fracasa en la sociedad actual es la cultura del esfuerzo y el trabajo bien hecho, están aquellos que van más allá y son capaces de denunciar un problema de base estructural y lejos de quedarse en el puro lamento, se han puesto manos a la obra y han emprendido proyectos de innovación educativa.
La sociedad que van a vivir nuestros hijos va a ser muy diferente a la nuestra. El trabajo del futuro será distinto. Las habilidades que se requerirán serán diferentes. Si ya nosotros, los que estudiamos la EGB o el BUP, nos quejamos de que realmente no fuimos capaces de asimilar tantos contenidos, o los que estudiamos en la Universidad estamos convencidos de que tantas horas de memorización no nos llevaron a un mejor aprendizaje, en el caso de los niños y adolescentes de hoy el asunto puede ser más frustrante. Profesores que se sienten fracasados al observar las dificultades de aprendizaje de tantos alumnos, padres que no saben qué hacer ante los repetidos intentos de sus hijos por superar ciertas asignaturas. Bien, se podrá objetar que siempre ha habido gente a la que no le gustaba estudiar. De acuerdo. Pero un país que quiera ser competitivo y verdaderamente libre, tiene que tener ciudadanos formados, que no significa necesariamente ciudadanos cargados de títulos.
Si hace cien años había muchos analfabetos en España, actualmente hay muchos jóvenes que abandonan el ciclo escolar sin ser capaces de tener una lectura comprensiva correcta, lo que les impedirá no ya el acceso a trabajos de mayor cualificación, sino a entender muchos aspectos de la vida cotidiana, de la sociedad en la que les va a tocar vivir.
Es interesante fijarse en los proyectos innovadores que se están realizando en nuestro país, concretamente en Cataluña, pero también en pequeños proyectos que distintos profesionales desempeñan, en los que teniendo como punto de partida la coexistencia de varios tipos de inteligencias en cada una de las personas, elaboran a partir de ahí todo un proceso de aprendizaje del alumno en el que se tiene en cuenta tanto las habilidades o las competencias para las que cada uno está más dotado, como la mirada hacia el futuro que requerirá una mayor capacidad para trabajar en proyectos colaborativos, en los que se confrontarán las diversas habilidades. El reto de los innovadores es apasionante. La necesidad de mejor formación del profesorado es urgente. Tener la educación como prioridad en la política y no como arma arrojadiza, algo que debería ser irrenunciable. Ojalá se diera un pacto educativo serio. Ojalá se abrieran caminos para trabajar por una innovación que sea algo más que un mero “quita y pon” o un asunto puramente metodológico. Los ciudadanos del mañana merecen el esfuerzo y el compromiso de los políticos pero también de la sociedad. La profesión docente, una de las que mayor satisfacción genera, ha de ser tenida como fundamental para el desarrollo de una sociedad moderna. No somos Finlandia, el país que siempre se pone como ejemplo educativo, pero tampoco tenemos por qué serlo. Desde aquello que somos, sabiendo nuestras posibilidades, tenemos la obligación de procurar un mundo mejor para los que están aún formándose.
Mi sueño es una educación buena para todos. Y creo que será mejor cuando más libres sean las personas para poder elegir el lugar en el que se eduquen sus hijos. ¿Hacen falta más medios? Por supuesto que sí. Pero también hacen falta más ganas, más ilusión, más capacidad para crear e innovar, para no conformarse… Si fuera estrictamente una cuestión de dinero posiblemente sería más fácil de resolver, pero en esta vida no importa sólo el “cuanto” sino el “cómo”.
Vicente Fabra
Profesor de secundaria en el Colegio Juan XXIII.


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