09
JUN
2016

GRAN CENA DE GALA 30 ANIVERSARIO, PROMOCIÓN 1986

Por fin llegó el tan esperado 4 de Junio; a las 19:30 se abrieron de nuevo las puertas del «Juanvi» para los alumnos que salimos de aquí hace treinta años cargados de ilusiones y, como quedó patente, dotados de las herramientas necesarias para hacernos adultos.
Muchos de nosotros no hemos ido a otro cole en toda nuestra vida; algunos se incorporaron más tarde, otros se fueron un poco antes, pero todos sentimos que era como volver a casa.
Todo estaba preparado cuidando el detalle: el Salón de Actos ambientado con fotos nuestras y música de la época, la cena, servida con esmero, y las acreditaciones, un acierto:  figuraba nuestro nombre y la foto de nuestra ficha escolar, lo que que nos permitió reconocernos fácilmente y ver cuánto hemos mejorado ;D
Y nosotros, reencontrándonos ya de camino al cole con los amigos, como cuando llegábamos cada comienzo de curso, expectantes y contentos, deseosos de ponernos al día, pero esta vez con mucho más que contar de lo que cabía en un verano, por intensos que fueran los de la infancia.
Los abrazos apretados, los besos sonoros y sentidos, las risas y las exclamaciones de alegría inundaron el cole, la calle y hasta la plaza de La Concordia.
Al ratito fueron llegando nuestros queridos profes, que no se podían imaginar las ganas que teníamos de verlos.
Algunos venían un poco cortados, pensando que quizá no iban a acordarse bien de nosotros, pero sus neuronas están en forma y enseguida empezaron a atar cabos, a poner caras a los nombres, a recordar anécdotas  y a encontrarse tan felices como nosotros o más, porque, al cariño y la gratitud con que los recibimos, se sumaba la satisfacción de ver cómo las semillas que sembraron en aquellos casi niños, han prosperado.
Nuestros sueños, los que ellos alimentaron entonces, a veces se han cumplido, otras se han transformado en algo diferente, pero lo que había en la fiesta era un montón, casi ochenta, de personas felices; qué más puede desear un maestro para sus pupilos.
Nos pusimos todos guapísimos para la ocasión, daba gusto vernos, y con las emociones a flor de piel se nos pasó el tiempo volando, completando entre todos el puzzle de los recuerdos y componiendo con nueva información el de quiénes somos ahora, pero sobre todo, disfrutando del momento.
Cuando Carmen Álvarez, en nombre del Patronato, nos recibió con los brazos abiertos de nuevo en la «familia», no pudo estar más acertada: este encuentro nos ha permitido saborear la fraternidad, reconocernos en nuestros compañeros, todos hechos de trocitos de todos, tras tantas horas de clase, de estudio, de ensayos y yincanas, tantos partidos ganados y perdidos, tantas y tantas vivencias compartidas.
También pudimos reconocer lo que tenemos en común: fuimos educados en el respeto. Lo aprendimos unos de otros y de nuestros maestros, y es clave para comprender cómo treinta años después, seguimos siendo una piña y queriéndonos tal como somos.
El respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos parece estar en la base de nuestras fortalezas particulares, nos ha permitido convertirnos en buenas personas y atrevernos a avanzar por la vida confiados. Es algo que le debemos a nuestro cole en buena medida porque aquí, todos fuimos siempre considerados iguales, valiosos por nosotros mismos, respetables en tanto que respetuosos, miembros de pleno derecho de la comunidad educativa.
Para acabar de enternecernos, hubo agradecimientos, regalos y una proyección preciosa. Vimos películas de nuestros viajes, de nuestro trabajo cotidiano en clase, de nuestras actuaciones en el mismo escenario en que nos encontrábamos. Imágenes de casi cuarenta años de antigüedad que nos hicieron reír y llorar.
Con todo el mundo ya emocionado, empezó el baile, al ritmo de nuestra música favorita de entonces y rejuvenecimos de inmediato. Fue como si no hubiera pasado ni un minuto desde la última fiesta de COU.
Y luego nos fuimos en autobús, como antaño, de excursión, esta vez nocturna, inflados por la euforia de sentirnos parte de algo más grande que nuestra pequeña individualidad. Ese sentimiento de pertenencia que hemos reanimado pide ser alimentado con frecuencia y ya se habla de nuevas ocasiones para celebrar.
El encuentro, memorable. La organización, impecable. La participación, masiva y entregada. No podemos pedir más. Sólo repetir, porque se nos quedó corta la noche.
Queremos dar las gracias al Colegio y, muy especialmente, a MªJesús Mansilla por su colaboración y las facilidades que nos han dado para celebrar nuestro aniversario. Y a todos los profesores y maestros que nos habéis enseñado más allá de lo que venía en los libros, a amar la vida y a las personas. Gracias.
Empezamos a trabajar ya para la próxima.
El comité organizador.

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